sábado, 21 de febrero de 2015

PALACIO ARRUABARRENA

En 1838, el pais estaba gobernado por el Gral. Juan Manuel de Rosas y Entre Ríos convulsionado por luchas internas.

Es por aquella época que el nombre de Arruabarrena, comienza a ser conocido.
Juan Bautista Arruabarrena (padre}, llegó al país ese año. En Buenos Aires trabajó de empleado en un comercio, y luego se trasladó a Gualeguaychú donde estableció un almacén de ramos generales.
A 23 años de permanencia en la zona, y merced a su esfuerzo, logró adquirir un campo de 6.300 has. de extensión.
Falleció a los 75 años, dejando conformada una familia de 12 hijos, y es al mayor de ellos que nos vamos a referir. Llevaba su mismo nombre y desarrollaba la misma actividad.

Durante las primeras décadas de este siglo, se construyeron en Concordia un buen número de grandes residencias pertenecientes a la creciente burguesía local que adoptaba algo tardíamente usos y costumbres de las altas clases porteñas.
El Palacio Arruabarrena es sin dudas, el más importante ejemplo de ellas en la ciudad y una de las más valiosas entre las de su tipo en la provincia.
La inspiración de construir una casa de tan espectacular arquitectura, nació de un viaje a Francia realizado por Don Arruabarrena, quien quedo impresionado por el señorío de la vivienda donde permaneció durante su estadía en ese país. De este modo, trajo a concordia los planos de aquel edificio y algunos arquitectos, para que construyeran aquí un palacio de similares características.
La obra se inicio en 1916, y fue dirigida por el Arquitecto Gabriel Dulin y el constructor Luis Pepey  

En 1926 falleció Don Juan Bautista Arruabarrena, y unos años más tarde su esposa, Dominga De La Cruz. Cuando esto sucedió los herederos vendieron la casa al gobierno nacional, y fue así que se instaló el Comando de la 11° Brigada de Caballería hasta su traslado a la ciudad de Paraná.
A punto de ser demolido, en el año 1973, y a pedido de los ciudadanos concordienses, el Intendente Dn. Fernando Méndez Graff inició los trámites para permutarlo recuperándose así este importante patrimonio arquitectónico.
Por decreto No 21.448 de 13 de enero de 1984, el entonces presidente municipal, Dr. Jorge Pedro Busti, destinó el edificio sede del Museo Regional Municipal, creado por aquella misma norma, lo que artificio el honorable concejo deliberante, sala de sesiones, 16 de febrero del mismo año.  

                                      info. ciudad virtual de antropologia y arqueologia,
   

























Sr. Juan Bautista Arruabarrena y Flia.

lunes, 2 de febrero de 2015

IGLESIA de EUSTAQUIO ARISTIZABAL























IGLESIA de EUSTAQUIO ARISTIZABAL. A fines del siglo XIX vivian en la Estancia “La Micaela” el matrimonio vasco español formado por Don Eustaquio Aristizábal y su esposa Doña Micaela Ugalde de Aristizábal.



En 1907 falleció Don Eustaquio: por ello Doña Micaela decidió hablar con Luis Mastrilli, que era el Cura Párroco del Pueblo, y le comentó que deseaba conversar con él, con el doctor Beltrami y con Camilo Freije, porque a raíz del fallecimiento de su esposo había hecho una promesa de orden religioso, consistente en construir en su campo una iglesia de tres naves, cuya construcción y sostenimiento correrían exclusivamente a su cargo.Es en ese momento cuando la señora decide la construcción del templo valiéndose de la empresa de Raimundo Sampini y lo inaugura el 22 de enero de 1911. Anexa a la iglesia se construyó la casa parroquial en la que se impartía educación escolar a los niños del lugar, además de oficiar diariamente la misa

viernes, 30 de enero de 2015

TUNELES Y TEMPLO ESCONDIDO, de SANTA FELICITAS

Afirmada en columnas y molduras que le confieren matices neogóticos, neorrománicos y germánicos, la iglesia Santa Felicitas emerge esbelta de la plaza Colombia, en el corazón de Barracas. Es la cara visible del complejo que Carlos Guerrero y su esposa levantaron en 1876 para recordar a su hija Felicitas. Según el poeta Carlos Guido Spano, la joven —asesinada 4 años antes por Enrique Ocampo, el aristocrático pretendiente al que no amaba— era "la mujer más hermosa de la República".

Los Guerrero no se fijaron en gastos. El templo fue decorado con mosaicos españoles, vitrales franceses, altares de mampostería policromada, arañas con caireles de cristal, un reloj inglés con carillón y hasta un órgano de Alemania, con 783 tubos. Detrás de los enormes muros quedó oculta la capilla familiar de 1830. La obra mayor también condenó al olvido a instalaciones de gran valor histórico y arquitectónico, superpuestas con los pasillos y salones del Instituto de Lourdes y Santa Felicitas. Los propietarios originales habían donado el complejo a los sacerdotes lourdistas de Francia, para que hicieran obras de beneficencia y construyeran más instalaciones para el culto.

Así surgió la Iglesia escondida, una joya de estilo neogótico, imposible de detectar desde la entrada al Instituto o por el frente del templo principal. Desde 1893, permanece semioculta en el primer piso del colegio. La luz del exterior sólo llega por los 24 vitrales traídos de Bordeaux (Francia), que ilustran distintos pasajes bíblicos. Las cinco piezas del ábside lucen deteriorados, a causa de su ubicación desfavorable. Son los más expuestos a los vientos del sur y los ruidos del tránsito continuo de la calle Brandsen.

En realidad, el templo nunca funcionó como tal. Un proyector a manivela y carbón es el testimonio del uso del lugar para exhibir películas con temática religiosa. Hoy en día, la nave sin bancos ni púlpito suele adaptarse como salón de actos de la escuela. Sólo interrumpe el vacío de la sala un maniquí vestido con la réplica de un traje que Felicitas lucía en las tertulias de 1865.

Abajo, desde el Patio del Salvador, algunos alumnos alzan la vista para espiar los vitrales de colores fuertes, como procurando descifrar el halo de misterio que rodea a la iglesia escondida.

Una escalera conduce a otro ámbito a salvo de sonidos destemplados. Los túneles ocultos de Santa Felicitas cobijan reliquias que reconstruyen los pasos de los inmigrantes de fines del siglo XIX. Una parte de los cimientos del barrio, la ciudad y el país. El sepia y el blanco y negro de las fotos se confunden con los colores gastados de documentos, utensilios, baldosas y baúles de cuero, madera y latón. Aquí resurge el barrio que crecía de la mano de talleres y fábricas en actividad. Los trabajadores se acercaban al Comedor Obrero que desde 1893 funcionaba en el sector semienterrado del Santa Felicitas. El lugar solía llenarse a fin de mes, cuando los bolsillos flaqueaban y, por 20 centavos, convenía almorzar guiso, sopa y pan preparados por las monjas.

En esa época de multitudes y esplendor industrial, los socialistas, anarquistas y justicialistas empezaron a dirimir diferencias a las trompadas y forzaron el cierre del comedor en 1947. El lugar recobró su atmósfera calma y mutó en lavandería un año después. Desde la década del '70 volvió a sumergirse en los silencios profundos que envolvían a los Guerrero después de la tragedia de su hija Felicitas. El epílogo de un amor no correspondido.
Info: Secretos y Misterios de Barracas. Clarin.com
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